Si la oscuridad no miente
la luz rebota, grita, bosteza
y hostiga, cambia, sube y
baja, llora, patalea, se pone his-
térica, insoportable. Y cuando
es del sol, no se puede ni si-
quiera mirar a los ojos.

Mis días y mis noches se me han ido en vano entre sabios y discretos; el mucho saber me ha puesto blanco el pelo y mucho velar me ha quemado los ojos. Mientras yo buscaba y ordenaba trocitos y andrajos, mis años se secaban. ¡Destruye tu tesoro, baila sobre él, mándalo al demonio! Que ya sé yo que la mayor sabiduría estriba en beber y ser un perdido. Rabindranath Tagore