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18.11.07

f(r)icción

En efecto
lo que nos separa
es tiempo.
Años.
Décadas, épocas
y un poco
de cambio
en meses,
como monedas.
Tantos cumple-
años; cientos
miles
de velas, cucharas
bizcochos
deseos
que troco
en sueños
mujeres
fracasos
encuentros tremendos
las veces
que me hice un ocho.
Lucí las once varas de la clásica
camisa; cien cuentos
onerosos
trozos temblorosos
de texto
contaminado
con el lamento
de antaños
cantazos
truculentos
y toneladas
acumuladas
de tamaños
trambos nocturnos,
incompletos—
secretos inútiles
considerando
todo el tiempo que nos separa.

En efecto
existe
sólo en mi cabeza,
como todo lo demás
TODO
(el país detrás
de mis ojos).
Y aunque ahora
se llame Aurora,
tú sabes que
puede ser Lomol
Macaco, Clara
u otro cualquiera.
Los nombres—
nomenclatura
con literatura, una capa
al menos—
crecen y desaparecen,
gravitan, colapsan
pueden ser graciosos
pero siempre diferente
aunque sólo sea
un sonido distinto.

E incluso los
que no tienen nombre,
los personajes de mi pajar,
o paja mental,
como tú quieras,
tienen nombre
(por antonomasia revertida,
conjugación en ambas
direcciones, apodos
reversibles, por ambos lados)
como Guascúkin
Kinki y La Flaca;
así nomás
es suficiente.

O por lo menos
así lo veo hoy,
o desde el recuerdo
de hoy,
en efecto.